jueves 31 de julio de 2008

Fragilidad


Me despierto en la playa, de madrugada, buscando algún rasgo en el cielo de su despertar, pero el negrísimo azul no encuentra color entre las nubes violetas. La furia de los despertadores todavía dormía bajo los graneros y el viento parecía detenerse con cada oleada.

Respiro. Respiro mientras pienso si sentarme o caminar, pero mi respiración se apodera de todo y me entretiene en mi indecisión. El mañana se convierte en ahora y las nubes mantienen su incoloro resplandor ante mis pupilas, que indefensas afrontan el color de lo que ven sin infundir ni una mezcla de imaginación. Sin colores ni aire pierdo el control y escucho la sonora inundación de las olas en descanso; el silencio también invade mis sentidos y esa música desaparece entre las cenizas de los muertos.

Fragilidad (Sting) en la voz bellísima de Pedro Aznar

http://www.youtube.com/watch?v=wQPsdcm4VMA&feature=related

Ma, ana ya la sangre no estará
Al caer la lluvia se la llevará
Acero y piel combinación tan cruel
Pero algo en nuestras mentes quedará

Un acto así terminará
Con una vida y nada más
Nada se logra con violencia
Ni se logrará
Aquellos que han nacido en un mundo así
No olviden su fragilidad
Lloras tu y lloro yo
Y el cielo también, y el cielo también
Lloras tu y lloro yo
Que fragilidad, que fragilidad

El tacto de la arena surgía entre mis dedos como la magia entre el espectador feliz, serena y llena de fuerza. Algo me llegaba, incluso esa fuerza del viento que antes no llegaba a mis oídos, ahora tiembla en mí y me convierte en débil, pero vivo. ¿Será mejor que nada?

Me debilito ante la felicidad del frío que me invade. La arena se moja de vida y mis piés sienten el oleaje como si la luna en primera persona hubiése bajado a explicarle el sudor del agua fría que por allí dejó de correr milenios atrás. O eso parecieron entender ellos, que saltaron hacia mí con deseo de dar ese paseo lunar por una playa desierta de sentidos pero llena de emociones.

O no entiendo nada o será que a pesar de los puntos suspensivos...vivo.

viernes 25 de julio de 2008

Cartita



Querida Alejandra Pizarnik,

Sos mi muñeca de huesos de pájaro. Alejandra espejo de agua. Alejandra furia de tormenta hundiendo una y otra vez “un pesado cuchillo” en su propio cuerpo. Alejandra pétalos dispersos. Alejandra, Alejandra inmolada. ¿Qué diferencia hubo entre tu temblor y el de Anna Frank sino un holocausto en ángulo invertido? Tud implacables asesinos, transparentes rostros sin nombre, hicieron de tu corazón una pira, de tu cabeza una galería de espejos encontrados y no pudiste zafar de semejante laberinto, de esa espiral kafkiana que te llevó a convivir como pudiste con el ramillete de Alejandras que te habitaban, a “quitar los ojos de las muñecas para ver qué hay detrás”, quizá porque al no depositar tu dolor fuera tuyo sino que trataste de ir nada más que hasta el fondo de tí misma. Y el 25 de setiembre de 1972 una oscuridad tempestuosa cegó el oloroso arbusto florecido en lilas.

Tu amante Platónico

martes 22 de julio de 2008

Crisálida humana


Cuando una pérdida vacía el hueco de nuestra vida, y me refiero a cualquier pérdida que nos suceda, no podemos comprender fácilmente la distancia que existe entre una muerte y una aparente intrascendencia, entre una enfermedad grave y una molesta imperfección, o lidiar contra aquellas desilusiones pequeñísimas, las de los simples gestos malignos que ocurren de manera microscópica y que sólo son El Mal para aquél que pierde en ese instante, su preciado lugar en el otro del amor.
Los poetas que escriben en hojas sueltas, en esas finísimas “feuilles volantes” que también pueden transformarse en servilleta de café al paso, van disimulando en ellas los topetazos que les propina la vida en su transcurrir. Les pegan, ellas, con la distracción hiriente de las criaturas histéricas y los deja anonadados preguntándose por su sufrimiento.
Los escritores están rodeados de gente de muy mala memoria. O es que ellos recuerdan demasiado y lo que olvidan regresa en forma de bizarras historias. La cuestión es que muchas de esas veces la solución es tratar de dormir. O bien para olvidar o bien para recuperar mediante el sueño algún recuerdo o alguna asociación que continúe la historia, o el poema, que para el caso son la misma cosa.
Dormir para olvidar y olvidar para poder dormir es el ciclo de la crisálida humana. Mariposas interiores que van a conjurar ese miedo atávico a la distracción que si nos conduce a la exaltación, a la tragedia, a la peste, y a la lluvia cuando hay inundación y sequía cuando los pastos parecen de la luna, tiesos y amarillos.

Otros intentan dormir para ahuyentar los murciélagos torpes de la memoria y entrecierran los ojos para entregarse a los brazos de una idea obsesiva, casi como un mantra sagrado, casándose con la repetición de algo que no será nunca lo mismo. Se intoxican para volver a olvidar y a la vez para tomar la mano de aquél hecho doloroso, aquella guerra de almas indefensas que pretende ser la de la infancia.
Otros desatan estertores de pánico ante la mera fantasía de violentarse en un acto: pegar, matar, maltratar. El punto de violencia nos da, en el espacio, otras referencias para conocer en cuál orilla del río estamos parados, si en la escarpada o en la de la playa, cerca del puente o cerca de las cataratas.
El sueño también vive de leyes propias, como los hijos viven del retrato de su padre, como las sociedades viven mejor dentro del territorio legal de los límites eternos. Cuando la ley se abruma, se nubla y desfallece, no se puede olvidar ya más nada, la memoria embate contra los acantilados del cuerpo en forma de olas gigantes que chocan en tandas de un número igual (siempre la ley), y las rocas sufren y se pulen más que lo que ya lijó el paso del tiempo.
El barbitúrico, la manzanilla o el señor arenero median entre el estado de vigilia y la promesa de dormir mirando imágenes con los ojos cerrados. La gestalt facial por excelencia, la luna bien llena, nos invita a dormir de cara a cara, en paz con nuestra identidad, si es que eso existe. El borrador de felpa va borrando la pizarra de todas las marcas: los aspectos narcisísticos del sufrimiento, la incertidumbre del minuto siguiente, las voces familiares de la amenaza. Sólo queda esa cara querida que no es espejo, que es tranquila, que es el arrullo de la oscuridad acercándose y es la muerte que otra vez nos ha engañado.
Queda también el poeta W.B. Yeats, sentado al borde de nuestra cama invocando a sus espíritus, uno por uno, para extraerles la sangre metafórica, distraer a su cercana muerte y trasfundirla a su poesía:



EL HOMBRE Y EL ECO - (De Últimos poemas” 1938)

El hombre

…” Y todo me parece maligno,
hasta que, insomne, me acostaría a morir.

El Eco
A morir

El hombre
…”Mientras aún puede el hombre guardar su cuerpo,
el vino o el amor lo drogan hasta dormir;..”

…”¿Qué sabemos sino que nos enfrentamos
uno al otro en este lugar?


La poesía de siempre pretenderá despertarnos del letargo del sueño de la muerte para que podamos darnos vuelta y volver a dormir, esta vez para el otro lado.

domingo 20 de julio de 2008

Digitar en SOLEDAD


Cerrar los ojos. Correr por el llano ardiente de la página. Escribir con la velocidad del cuerpo, con los líquidos supurados por las ampollas de los pies. Correr. Escribir sintiendo el corazón en los brazos del infarto. Ajeno a uno mismo, dominado el cuerpo por la voz, disgregado en palabras poderosas como esquirlas. Convertido íntegro en objetos, en sensaciones que atraviesan el papel como fantasmas, en colores, en pinceladas sutiles del amor. Encontrarse de pronto en la esquina de algún verso, sorprendido de sí mismo, acurrucado contra un verbo delator. Escribir. Digitar en soledad. Soledad del mundo. Soledad. La distancia inmutable del poeta.

sábado 31 de mayo de 2008

Una ciudad donde el tiempo se ha detenido


Es desandar el camino desde el final, decir primero adiós, cavar la propia tumba para ver el ataúd de madera vieja y podrida, mirarse y reirse y de vez en cuando soltar una lágrima, ser un poco Sarah Bernhard, pero más aún, ir más allá y escuchar a Kafka, verle llegar a su ser como un fantasma, se quita la camisa, deja su pecho al descubierto, abre la ventana y bajo el frío infernal de la ciudad de Praga, respira, se funde con el aire gélido, su posibilidad inmediata de sentirse vivo antes de retomar el texto en el que un trapecista se balancea como una pompa de jabón. Vivimos en habitaciones separadas, somos invisibles, estamos todos solos y muertos Alejandra, pero aún así, olvidada por los que no querían darte la mano en la rue Dauphine, el Lobo, el viejo y triste Lobo Cortázar te lanzó un destello que te marcó para siempre, te cantó desde la fiereza de quien trata de rescatar a un hijo que flota en las aguas, moribundo, asomando levemente la cabeza para buscar el aire que existe pero que ya no le pertenece, Alejandra Pizarnik, es cierto, lo es y a veces lamento que no haya otra verdad que esta, que como tu dijiste "hay que llorar hasta romperse para crear o decir una pequeña canción, gritar para cubrir las agujas de la ausencia", atravesamos caminos paralelos, sí, tienes razón, a miles de kilómetros de distancia tú supiste dónde estaba el caramelo que de niña escondiste, tal vez donde Virginia Woolf escondió aquella carta durante unos breves segundos, tan sólo para engañarse a si misma de que el río Ouse estaba demasiado lejos, tan lejos que jamás podría llegar a sus aguas, ese mismo bolsillo donde meses antes guardó una flor, o un cigarrillo, o tal vez su mano aniquiladora, pero la carta estaba firmada y se hizo realidad mientras se escribía, el propio suicidio imaginado como una novela leída y no escrita, la novela perfecta, porque los escritores saben que las ideas de sus novelas siempre son perfectas, por eso Virginia no quiso terminarla, aquella nota que dejó sobre la mesa como cuando Cortázar le dijo a Horacio que abandonara el paraguas, el mismo gesto para despedidas diferentes... "Es muy terrible escribir, pero más terrible es no hacerlo"... y entonces recuerdo a Hrabal, mein Liebe Hrabal, subido al tejado de su casa, tecleando sin parar sobre la vieja máquina de escribir, sudando al mediodía, cegado por el brillo del sol, pero contento, feliz de poder tocar aquella sinfonía que para él era toda una liberación, como beber una tras otra cientos de miles de jarras de cerveza, los dedos que sobrevuelan por encima del teclado, ansiosos, corriendo detrás de los pensamientos que se abocan como si fuese el día del juicio final, y recuerdo a Apollinaire bajo las bombas, mirando de reojo su propia vida, pero escribiendo cientos de cartas a Lou, cartas de amor que eran igualmente bombas que él lanzaba para salvaguardar su vida, y recuerdo a Böll tomándose aquellos sobrecitos con polvos amarillos que derramaba sobre su traje gris y a Eliska preguntando quien era aquel señor, entre risas, y a Bohumil diciendo que era Heinrich Böll, el escritor, el premio nobel, el mismo que un día mandó a un soldado a la guerra y su último pensamiento me dejó aniquilado durante varios días... y todos son palabras, el mundo es una palabra, desesperada, tal vez, alegre, tal vez, melancólica siempre, una palabra que luego es frase y que se acabará llamando La metamorfosis, o Trópico de Cáncer, o La tierra más ajena, una frase que será un infinito para herir a más hombres, para hacerlos levantar de la cama de un salto a medianoche, porque siempre, en todo texto, en toda acción de la escritura, existe un profundo grito de desesperación, seguramente porque desde el primer hasta el último escritor, todos, absolutamente todos, alguna vez han sentido que viven en una ciudad, en un mundo, donde el tiempo se ha detenido.

lunes 26 de mayo de 2008

caminito de hormigas


Cuando pienso en Alejandra Pizarnik la veo pasar, solitaria, en una de esas enormes burbujas del Bosco donde yacen parejas desnudas, dentro de un mundo tan tenue que sólo por milagro no estalla a cada segundo. Pero la suya es una burbuja nocturna, irisada como una perla negra.

Criatura fascinada y fascinante, víctima y maga, ardía en la hoguera y, al mismo tiempo, con esa maldad de la poesía, prendía fuego al mundo circundante, lo hacía arder con una fosforescencia tierna y sombría, que iluminaba su rostro de niña con una sonrisa fantasma.

Niña predestinada a ser vista, con los ojos absortos, en la ventana de un caserón ruinoso, en alguna de esas aldeas de la Alquimia del Verbo, entrevistas en el fondo de un lago. Pero aún allí, en la profundidad de los sueños, fue también la extranjera, la extraviada de sí misma.

Una desconocida con su mismo rostros avanzaba hacia ella en todo lugar, en todo instante de su existencia terrestre, interrogándola con las preguntas más desgarradoras, planteándole sin cesar sus propios enigmas, el misterio de todo amor y de toda ausencia.

Porque Alejandra permaneció siempre en el linde perdido de otra ribera, cuyo eco no dejó nunca de resonar en las zonas de sombra de su ser con la nostalgia de "los verdes paraísos de los amores infantiles". Pocos seres he conocido tan plenos de fatalidad poética.

Extrañamente, todos sus elementos, sus pájaros, sus nubes, su país de huérfana que oculta un secreto desmesurado, su memoria y su pasión se ordenan en dos coordenadas esenciales: el deslumbramiento de la infancia, cuyos poderes sobrevivían en ella, y un permanente sentimiento de muerte, como otro deslumbramiento terrible que la precipitaba al asombro y al terror.

Duende desposeído por la caída, cautiva de un reino perdido, sólo podría ver las cosas a la luz de esa exigencia inflexible y sin consuelo. No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar. Pero la fascinación de la infancia perdida se convierte en ella, por una oscura mutación que cambia los signos, en la fascinación de la muerte, igualmente deslumbradora una y otra, igualmente plenas de vértigo. Toda su poesía gira en torno a estos dos polos magnéticos, dos solicitaciones extremas que se funden en su voz y le dan, desde sus primeros libros hasta sus últimos textos, un acento inconfundible, una emoción esencial y de una calidad extrañamente perturbadora.

En uno de los planos más remotos de su conciencia, una imagen materna, blanca y luminosa, la acoge y la protege, le revela las cosas y los sueños en una unidad total. En el extremo opuesto, una mujer pálida y nocturna, la acoge también con la misma solicitud maternal, con una tenebrosa belleza. Hacia una y otra la hija del insomnio corre con los brazos tendidos.

Ahora que tantas parejas enamoradas escuchan su palabra, ¿qué puede darles ella? No la esperanza ni la calma, sino una exaltación, una apuesta perdida. Un paraíso infantil doblado por el paraíso de la muerte, la aventura del amor y su imposible realidad.

La letra de Alejandra era pequeñita, como un camino de hormigas o un minúsculo collar de granos de arena. Pero ese hilo, con toda su levedad, no se borrará nunca, es uno de los hilos luminosos para entrar y salir del laberinto.

domingo 25 de mayo de 2008

O Mare e TU


Rostros ausentes que emergen de la memoria para devolvernos una sonrisa, el valor de un principio o el principio perdido. Son esas cosas que atesoramos en el almacén de la vida y en el arcón de los recuerdos porque detrás de cada acto hay... un niño aprendiendo a vivir. Ese soy yo.

O MARE E TU (Dulce Pontes & Andrea Bocelli)

http://www.youtube.com/watch?v=OFMMlap9-YM&feature=related

Sentir em nós
Sentir em nós
Uma razão
Para não ficarmos sós
E nesse abraço forte
Sentir o mar,
Na nossa voz,
Chorar como quem sonha
Sempre navegar
Nas velas rubras deste amor
Ao longe a barca louca perde o norte.

Ammore mio
Si nun ce stess'o mare e tu
Nun ce stesse manch'io
Ammore mio
L'ammore esiste quanno nuje
Stamme vicino a dio
Ammore

No teu olhar
Um espelho de água
A vida a navegar
Por entre o sonho e a mágoa
Sem um adeus sequer.
E mansamente,
Talvez no mar,
Eu feita espuma encontre o sol do teu olhar,
Voga ao de leve, meu amor
Ao longe a barca nua a todo o pano.

Ammore mio
Se nun ce stess'o mare e tu
Nun ce stesse manch'io
Ammore mio
L'amore esiste quanno nuje
Stamme vicino a dio
Ammore
Ammore mio
Si nun ce stess'o mare e tu
Nun ce stesse manch'io
Ammo re mio
L'amore esiste quanno nuje
Stammo vicino a dio
Ammore